Desde que la Fundación Oleoductos de Colombia nació, identificamos en las instancias de participación local comunitaria uno de nuestros principales aliados en el territorio porque reconocimos la importancia del rol que estas organizaciones de base y sus integrantes ejercían al ser la voz de las necesidades y propuestas de su comunidad.
En este tiempo hemos consolidado nuestra relación con las Juntas de Acción Comunal, que se han convertido en nuestro interlocutor natural en el territorio. Con ellas hemos construido un sinnúmero de oportunidades de desarrollo desde Casanare hasta Coveñas y sueños de desarrollo que poco a poco se han ido convirtiendo en realidades.
De hecho, con Ocensa llevamos más de 26 años contribuyendo a la materialización de numerosos proyectos con las Juntas de Acción Comunal, conscientes de que nuestro vínculo con ellas siempre debe ir enfocado en aumentar sus capacidades e impulsarlas a mantenerse en su misión, y con la convicción de que ese vínculo debe ser permanente y progresivo en el sentido de que nuestros aportes deben ser mejores en cada vigencia, adaptados a sus contextos y realidades del momento, para que quienes ejerzan el liderazgo lo hagan con acierto y también con el fin de lograr la integración y el recambio generacional necesario para la sostenibilidad de los espacios de incidencia y participación ciudadana y sus iniciativas de desarrollo.
Esto es clave porque durante todo este tiempo hemos formado a muchas personas en diferentes temas, líderes y lideresas que, en muchas ocasiones, no permanecen en las juntas; de ahí la necesidad de que ese aprendizaje continúe facilitando el trabajo de quienes vienen detrás. Con ese propósito apostamos por la integración generacional, porque uno de nuestros intereses es que las personas jóvenes se involucren en todos los escenarios deliberativos o de ensoñación comunitarios que sean posibles para que, participando y combinando las visiones de las diferentes poblaciones, se hallen las respuestas más apropiadas para las necesidades que confluyen en el territorio.
Este ideal, este compromiso permanente, nos exige superar nuestros retos cada año, entendiendo que el ámbito comunitario es dinámico y cambiante. Precisamente, debido a la pandemia y ajustándonos a las tendencias internacionales de formación en liderazgo, nos hemos enfocado en el ser porque no se trata solamente de fortalecer a las juntas como entes de participación ciudadana, sino de beneficiar a esas personas -comunales, dignatarios o dignatarias- que están llenas de responsabilidades colectivas y que, a pesar de sus debilidades y necesidades particulares, tienen el carácter y el potencial para ejercer con acierto una tarea política crucial, esa que encarna el ejercicio de lo público en su más pura expresión: la participación ciudadana para incidir en decisiones que afectan el bienestar público.
Por eso, estos dos años con el proyecto Liderazgos que transforman, aparte de fortalecerlos técnicamente, desde lo personal les hemos brindado herramientas de manejo emocional, comunicación asertiva, y habilidades de liderazgo positivo que confiamos los llevará a convertirse en mejores líderes y lideresas.
Ello, sin olvidar que nuestro foco es la mujer, así que en este proceso hemos trabajado muy fuerte en la manera como la mujer asume roles de liderazgo y en encontrar la fórmula para aumentar la participación femenina en estos escenarios comunitarios. Una participación femenina desde un concepto amplio, donde mujeres empoderadas se integren con su visión generacional, de orientación sexual, de género y de diversidad cultural, a conversaciones relevantes y pertinentes para el devenir de su comunidad o territorio.
Por eso, en la Fundación Oleoductos de Colombia estamos preparándonos y retándonos siempre para llevarle las mejores opciones a las Juntas de Acción Comunal porque vemos en ello la esperanza, el presente y el futuro del país.
Autor: Manuela Restrepo Sylva





