“Aprendí que la cultura no era solamente algo que se presentaba en un escenario, sino una forma de contar quiénes somos”
Purísima es un municipio del Bajo Sinú cordobés, rodeado por la Ciénaga Grande. Allí, la cultura se respira en los festivales, en los saberes que pasan de generación en generación, en los oficios tradicionales y en los sonidos de las gaitas y los tambores que acompañan muchas de las historias del territorio.
Jaider nació allí, pero aprender a amar profundamente su tierra fue un proceso. Como ocurre con las personas, el cariño se fortalece cuando conocemos sus historias, sus costumbres y aquello que las hace únicas. En su caso, ese camino comenzó gracias a la música.
La historia empezó en 2004, cuando ingresó a la banda marcial de su colegio. Le gustaba la música, pero todavía no imaginaba que años después encontraría en ella una manera distinta de conocer Purísima. Ese momento llegó mientras hacía parte de un grupo de danzas del municipio. Se preparaban para una presentación y surgió un problema inesperado: hacían falta músicos para acompañar el montaje. Jaider estaba listo para bailar, pero la atención terminó concentrándose en los tambores. Alguien tenía que tocarlos y decidió intentarlo.
Profesor Jaider y jóvenes de Tambores al Barrio en Purísima.
Lo que comenzó como una solución para una presentación terminó cambiando el rumbo de su historia. Mientras aprendía a tocar tambora y acompañaba montajes culturales en diferentes lugares de la región, descubrió que detrás de cada ritmo había algo más que música. Las presentaciones hablaban de las comunidades campesinas, de los pescadores de la Ciénaga Grande, de las tradiciones heredadas entre generaciones y de todo aquello que hace especial a Purísima.
Fue entonces cuando entendió algo que todavía hoy guía gran parte de su trabajo:
“Aprendí que la cultura no era solamente algo que se presentaba en un escenario, sino una forma de contar quiénes somos”.
La música dejó de ser únicamente una afición. Se convirtió en una manera de escuchar el territorio, comprenderlo y sentirlo más cercano. También en una oportunidad para construir futuro. Gracias a su talento con la gaita obtuvo una beca para estudiar Administración de Empresas en la Universidad de Cartagena, una experiencia que le confirmó que la cultura también puede abrir caminos que parecen difíciles de alcanzar.
Sesión Tambores al Barrio, Purísima.
Por eso hoy, cuando trabaja con niñas, niños, jóvenes y adolescentes, siente que está compartiendo mucho más que conocimientos musicales. Enseña ritmos y técnicas, pero también procura despertar orgullo por las raíces, respeto por las tradiciones y sentido de pertenencia por aquello que los identifica como comunidad.
Actualmente acompaña a 80 participantes de Purísima en Tambores al Barrio, un proyecto de Oleoducto de Colombia que, con el apoyo de la Fundación Oleoductos de Colombia, fortalece los grupos folclóricos de Tuchín y Purísima mediante procesos formativos y experienciales en componentes musicales y sociales.
Cuando piensa en el futuro, imagina jóvenes capaces de tocar una gaita o un tambor entendiendo que en esos sonidos también habitan las historias de sus familias, las tradiciones de su territorio y la memoria cultural que han heredado.
Como suele decir:
“Una tradición permanece viva cuando una generación decide entregársela con orgullo a la siguiente”.
Quizás por eso la música ocupa un lugar tan importante en su vida. No solo porque le permitió construir su propio camino, sino porque le enseñó que una de las formas más profundas de amar un territorio es aprender a escucharlo, a contarlo y a hacerlo sonar.





