En lo que va del año, 11 comunidades de Boyacá, Santander, Antioquia, Córdoba y Sucre no solo han visto llegar maquinaria y cemento en sus territorios, sino que también han sido testigos de sonrisas, sueños cumplidos y dignificación de sus derechos a través de la transformación que se ha generado a través de estos materiales.
Con el liderazgo de Ocensa y el compromiso de las Juntas de Acción Comunal (JAC) de Morro Abajo, Guamal, Colombia Chiquita y Yamunta (Boyacá), Quebrada Negra (Santander), La Balastrera I (Córdoba), Laureles, El Cenizo (Antioquia), y de las comunidades indígenas de El Reparo (Sucre), Sabana Nueva y Molina (Córdoba), realizamos 11 proyectos de Mejoramiento de Infraestructura Comunitaria en zonas que históricamente han sido olvidadas, beneficiando a cientos de pobladores como Dora Buitrago, miembro de la JAC Yamunta, quien gracias a mejoramiento de un escenario deportivo en su comunidad, ahora podrá rememorar recuerdos de su infancia.
“Estoy muy contenta porque en esta placa jugaba desde niña y nos integrábamos con las personas de veredas aledañas. Era nuestro punto de encuentro, pero desde que se deterioró dejamos de usarla. Ahora, gracias a este mejoramiento podemos volver a la infancia.” Dora manifiesta su agradecimiento porque en esta oportunidad una obra de su vereda la ejecuta la Junta y no intermediarios.

Durante la ejecución de las obras que representaron la inversión de más de $11.100 millones, se logró el apalancamiento de recursos líquidos por parte de las alcaldías de Coveñas, Pueblo Nuevo, Miraflores y Páez, para ampliar el alcance de las obras y el impacto en los territorios.
La magia de las obras no solo quedó en el concreto. También se evidenció en el trabajo colectivo comunitario. Las JAC y cabildos indígenas de las comunidades fueron las protagonistas en el mejoramiento, desde nuestra Fundación fueron capacitadas y organizadas administrativamente para que pudieran ser contratadas para ejecutar la obra. De esa manera, promovimos 64 empleos locales, el 30% ocupado por mano de obra femenina, y dinamizamos la economía local. También, en el marco del proyecto, le apostamos a un proceso innovador que vinculó a grandes y pequeños en talleres de formación en comunicación comunitaria, propiciando que los territorios sean narrados por las voces de sus habitantes, desde sus cosmovisiones.
Cada obra cuenta una historia que responde a las necesidades reales y particularidades de cada comunidad. Comedores comunitarios, escenarios deportivos, casetas comunales, salas de informática y el poderoso Kiosco del Saber son obras que se convierten en símbolo de futuro, integración, entorno protector para los pobladores.
Sabemos que falta mucho por hacer, pero estas 11 obras son prueba de que, cuando se trabaja articulado con las comunidades, dejamos de ver el desarrollo como una expresión o concepto que se vuelve paisaje en nuestro discurso, sino que se convierte en acciones visibles que se reflejan en sonrisas, acceso a derechos y participación comunitaria.






